El divorcio entre ley, moral y cultura – una entrevista a Antana Mockus

El divorcio entre ley, moral y cultura – una entrevista a Antana Mockus

Todos conocemos a Antana Mockus – el ex alcalde de Bógota en los noventa. Muchos de nosotros seguimos con cuidado sus iniciativas de políticas públicas en materia de ciudadanía. La idea de este artículo no es repetir lo que ya sabemos sobre Mockus y sus políticas sino la discusión más profunda que tiene la entrevista y su vinculación cuando nosotros analizamos el entorno que conforma las políticas públicas que deseamos diseñar como gestores públicos. 

En específico me gustaría que abordáramos dos inquietudes:

  1. Mockus parece que hubiera hecho un estudio cultural sobre “Bógota y sus habitantes”. En este sentido su grado de intervención fue a lo largo del círculo de Hofstede. ¿Es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos?
  2. En una sociedad del YO (como lo es actualmente la venezolana) ese divorcio entre ley moral y cultura tiene unas implicaciones terribles en nuestra sociedad – ¿Como “logro” Mockus coordinar esfuerzos en este sentido lo que él llamo “la estrategia de cultura ciudadana” ? ¿Qué tiene que ver con análisis de entorno? 

Espero que les gusta la entrevista 

Antana Mockus: “Pongo en primer lugar el respeto mutuo de la vida”

“He llamado divorcio entre ley, moral y cultura” a la falta de congruencia entre la regulación cultural del comportamiento y sus regulaciones moral y jurídica, falta de congruencia que se expresa como violencia, como delincuencia, como corrupción”

TULIO HERNÁNDEZ20 DE OCTUBRE 2013 – 12:01 AM

Antanas Mockus, ex rector de la Universidad Nacional de Colombia, fue alcalde de Bogotá entre 1995 y 1997. Años después la ciudad lo reeligió para un segundo período entre 2001 y 2003. 

Formado en Matemáticas y Filosofía.  Apasionado de la Pedagogía. Impulsor de los programas de cultura ciudadana por los que todavía se recuerda con entusiasmo su gestión. Invitado frecuente en prestigiosas universidades internacionales, se ha dedicado a escribir e investigar sobre, además de cultura ciudadana, la convivencia, la paz y la armonización entre ley, moral y cultura.  
Lo entrevisté en Bogotá cuando el año 2012 llegaba a su fin. Me recibió en su oficina de Corpovisionarios, la fundación que dirige y desde donde ha desarrollado importantes estudios empíricos sobre cultura ciudadana en diversas ciudades latinoamericanas. Aunque ha ejercido cargos públicos y fue candidato a la Presidencia de la República, no tiene los tics de seducción permanente propios de muchos dirigentes políticos latinoamericanos. Medita serenamente lo que va a responder. Se expresa de manera respetuosa con sus interlocutores, tratando de explicar ideas complejas de la manera más sencilla.

No hay nada petulante en su habla. No hace ruido. Cita a Durkheim, Hannah Arendt o Agnes Heller como quien cuenta cosas de un buen vecino. Suele ilustrar sus ideas con ejemplos y con frecuencia cita frases de personas con las que ha compartido su vida. A eso de las tres y media de la tarde del 5 de diciembre, con el resonar típico de un aguacero bogotano como telón de fondo, le informo que he organizado la entrevista en cinco grandes temas y le pregunto si puedo grabar sus respuestas. Responde que si, que está de acuerdo. De inmediato comenzamos.

 
Convivencia, diversidad y cultura de la legalidad

−Luego de leer algunos de sus escritos, tengo la impresión de que detrás de todo el esfuerzo conceptual y práctico que usted ha desarrollado en las últimas dos décadas se encuentra una preocupación fundamental, la preocupación por la convivencia. 

–Sí. Lo curioso es que a veces uno siente la necesidad de agregar un adjetivo para completar la noción de convivencia pues, de lo contrario, puede parecer como una idea muy resignada. Ocurre en algunos idiomas más que en otros. Se dice “convivencia” en español, “coexistencia” en inglés, “cohabitación” en francés. 

Para mí el respeto mutuo de la vida tiene una importancia muy grande y siempre lo pongo en primer lugar. Entonces los críticos saltan y dicen: “Sí, pero no cualquier vida, sino una vida digna”. Por eso en 2010, luego de ocho años usando el lema “La vida es sagrada”, pasamos al más singular y específico de “Tu vida es sagrada“. Pasamos de una abstracción a un hecho concreto. Cada vida es sagrada porque cada muerte es irreversible. 

Pero la convivencia va más allá del mero respeto a la vida de los otros, implica también, de una parte, encontrarle un sentido a la vida propia y, de la otra, vivir con los demás respetando la diversidad de opciones que cada uno ha elegido para darle sentido a su vida. La convivencia trata de que vivamos sin los riesgos de la violencia y aceptando o tolerando la diversidad. Entonces, lo primero es estar vivo. Lo segundo darle un sentido a la vida. Lo tercero respetar los sentidos que los demás le dan a sus vidas.

−¿Convivencia y respeto a la diversidad son inseparables?

–Sí, por supuesto. La convivencia sólo es posible en el marco de la tolerancia y del respeto a la diversidad. La lucha por la convivencia se ha ido transformando en un entusiasmo por la diversidad y por una conciencia creciente de que, bajo algunas condiciones, la diversidad no es un lastre sino una fuente de riqueza humana que puede ser aprovechada de manera fértil y durable.
Cuando la diversidad cultural es simplemente conservada, se convierte en riqueza inexplotada. Es fundamental que al lado de la preservación de las diferencias se desencadene o se acentúe el contacto, el diálogo, el intercambio, la fertilización cruzada.

–Entonces, ¿cuál es la salida? 

–Cada vez más aceptamos que al ser humano le conviene la pluralidad, la pluralidad de lenguas, la pluralidad de religiones. Pero la diversidad también problematiza las identidades. Nos obliga a enfrentar discontinuidades tremendas, procesos migratorios, aprendizaje de lenguas. La diversidad es atractiva pero también cuesta.

En Colombia hay una tensión permanente entre quienes prefieren ver la unidad nacional de la cultura, una cultura que unifique a todos los colombianos, y quienes apuestan por los localismos, por lo regional. Hay que buscar un punto de equilibrio. Una solución bonita es el tema de las Constituciones. Dos venezolanos tienen la misma constitución y ese debe ser su punto en común, en lo demás tienen derecho a ser distintos.

Pluralismo moral y pluralismo cultural no deberían significar relativismo disolvente. Para que no se traduzcan en un “todo vale” se necesita relacionar, de manera nueva, la autorregulación individual y las autorregulaciones colectivas: que otros tengan reglas parcialmente distintas a las mías de ninguna manera significa que yo pueda o deba volverme más laxo con las mías. Si reconozco la validez de otras tradiciones culturales, no por ello he de debilitar mi interés por elaborar e intensificar mi pertenencia a una tradición específica.
Eso es lo que buscamos con las acciones organizadas en torno a la idea de cultura ciudadana, identificar algo de ese piso común, el conjunto de reglas mínimas básicas compartidas que debería permitir disfrutar la diversidad moral y cultural.

Por eso cuando comenzamos con los programas de cultura ciudadana nos pareció importante trabajar para tratar de influir en las transformaciones más cotidianas en la vida común de las personas que tienen que compartir la existencia y responsabilidades en el marco del espacio público de una ciudad. Y así nos dedicamos a promover esas transformaciones que hoy podemos calificar como “pequeñas victorias ciudadanas”.
 
La estrategia de cultura ciudadana

–¿Cómo surgió el concepto de cultura ciudadana? ¿Por qué y desde cuál perspectiva se desarrollan esos programas? 

–El concepto de cultura ciudadana surgió dentro de discusiones sobre cómo deberíamos resolver problemas específicos de gestión pública. Constatamos la necesidad de intervenir sobre ciertos comportamientos de la ciudadanía que, de no ser resueltos, dificultarían la solución de problemas urbanos más amplios. Una política pública de cultura ciudadana es una política que busca transformar comportamientos específicos de la ciudadanía y debe contener un ejercicio de focalización e intervención sistemática en problemáticas que afectan la vida en comunidad.

Los programas de cultura ciudadana que comenzamos a desarrollar entre 1995 y 1997, en mi primera gestión como alcalde de Bogotá, hacían énfasis en la regulación cultural o, para ser más precisos, en la autorregulación. Se buscaba impulsar ante todo la autorregulación interpersonal. Se subrayaba la regulación cultural de las interacciones entre desconocidos en contextos como los del transporte público, el espacio público, los establecimientos públicos y el vecindario, así como la regulación cultural en las interacciones ciudadano-administración, dado que la constitución de lo público depende sustantivamente de la calidad de estas interacciones.

La estrategia de cultura ciudadana se convirtió así en prioridad y columna vertebral del Plan de Desarrollo de la ciudad y para su ejecución definimos cuatro objetivos. Primero, aumentar el cumplimiento de normas de convivencia. Segundo, aumentar la capacidad de unos ciudadanos para llevar a otros al cumplimiento pacífico de esas normas. Tercero, aumentar la capacidad de concertación y de solución pacífica de conflictos entre los ciudadanos. Y, por último, aumentar la capacidad de comunicación de los ciudadanos –capacidad de expresión pero también de interpretación– a través del arte, la cultura, la recreación y el deporte. 

Como lo resumimos en el libro Antípodas de la violencia, de manera esquemática, cultura ciudadana es: gestión de acuerdos sobre un fondo de confianzas y participación + mutua regulación entre ciudadanos + cumplimiento de normas legales, morales y sociales + probidad pública + seguridad por vías constitucionales.

Hay algunos elementos que fueron claves para el éxito del programa: el hecho de que incluyéramos múltiples acciones de educación ciudadana enmarcadas por una filosofía común; el peso de la cooperación interinstitucional y multisectorial, sobre todo en la fase de concepción y en las primeras acciones; y, un elemento absolutamente decisivo, el efecto multiplicador que significó la altísima visibilidad del programa lograda, en buena medida, por la cobertura de los medios masivos de comunicación.

En relación a esto último no hablo de campañas pagadas. Ocurría que las actividades que hacíamos, el uso de técnicas de movilización artística de calle, de esquemas de alto impacto visual y psicológico y, de formas novedosas de comunicación, eran muy atractivas para los medios y, en consecuencia, les concedían un gran espacio sin que tuviésemos que pagar nada. El programa por sí solo generaba acontecimientos mediáticos.

–Es el caso del impacto del uso de mimos en la calles para reorientar las conductas de los infractores de las señales de tránsito….
–Los mimos fueron lo más conocidos por el factor sorpresa que supuso su aparición y, sobre todo, porque servían para explicar muy bien el espíritu del programa: ayudar a los ciudadanos a cumplir las normas a través del buen humor, incitándolos a hacerlo a través de un elemento lúdico, casi festivo y no de la sanción. 

Pero hubo muchas otras acciones que implicaron el juego, la imaginación, los afectos y otros elementos motivacionales como las tarjetas de aprobación por parte de los peatones a los conductores que respetaban los semáforos, o las de condena a quienes no lo hacían. También estuvieron las jornadas de vacunación contra la violencia: las personas hacían sus colas, aceptaban la simulación de que estaban recibiendo una vacuna y se llevaban a sus casas el certificado de haber sido vacunados. Lo importante era sacar a la gente de su rutina, poner a unos a ayudar a otros a mejorar sus conductas pero sin agredirlos ni molestarlos.

–¿Cuáles fueron los costos y cuáles los resultados? 

–En los tres primeros años, de 1995 a 1997, el costo total fue de cerca de 130 millones de dólares, exactamente 3,7 % del presupuesto de inversión para la ciudad. Pero sin duda valió la pena hacerlo. Pasado tanto tiempo, las ejecutorias en materia de cultura ciudadana siguen siendo local y nacionalmente reconocidas como la principal realización de ese gobierno.

Los resultados en el campo de la seguridad fueron, por ejemplo, muy contundentes. Se logró reducir la tasa de homicidios de 82 por cada 100.000 habitantes en 1997 a sólo 35 en el año 2000. Allí influyó una serie de acciones como la Ley Zanahoria que limitaba el horario de funcionamiento de bares y discotecas, así como el expendio de licores, hasta la una de la mañana; el Programa de Desarme, tanto legal como voluntario, que implicó la creación de centros de negociación y capacitación de la policía y logró la entrega voluntaria de más de 1.500 armas. 

Cerca de 45.000 personas participaron en la “vacunación” contra la violencia familiar, actividad que incorporaba muy breves e intensos talleres con el apoyo de psiquiatras y psicólogos. Igual logramos reducir las 1.387 muertes en accidentes de tránsito en 1995, a 834 en el 2000. A este respecto tuvo gran importancia el hecho de que la Policía Metropolitana se encargara del tránsito en la ciudad, medida que también condujo a la erradicación de la costumbre de pagar soborno para evitar las multas de tránsito.

Otros logros fueron la reducción en dos tercios del número de niños quemados con pólvora; el avance notorio en la recuperación y respeto en el uso del espacio público, primero con las ciclovías, luego con plazas y parques; y el ahorro voluntario de agua entre el 11% y 14% por emergencia durante varios meses.

La concordancia entre ley, moral y cultura

Queda claro que no todas las acciones que emprendieron eran de carácter persuasivo y lúdico, también se recurrió a las sanciones y prohibiciones.
–Para que exista convivencia es indispensable el respeto a las reglas, de allí parte el concepto de cultura ciudadana. Por eso comenzamos preguntándonos por qué la gente cumple las normas. Una cosa es cuando una persona las cumple porque tiene una gran admiración por la ley: esa es una regulación de carácter moral. Otra muy distinta cuando lo hace por temor a la sanción y el castigo: esa es la regulación de carácter legal. Y otra sería por hábito, costumbre o por temor al repudio social: esa es la regulación cultural. 

Son tres tipos de mecanismos regulatorios –ley, moral y cultura– que no siempre van juntos, no siempre guardan concordancia. La modernidad tiende a acentuar su divorcio, agudizando la diferenciación entre reglas legales, reglas morales y reglas culturales. 

Entonces podemos partir de la oposición entre dos tipos ideales de sociedad. Aquellas donde lo moralmente válido cabe dentro de lo culturalmente válido lo cual, a su vez, cabe dentro de lo legalmente permitido y aquellas otras donde abundan las incongruencias entre esos tres sistemas de regulación, en donde está instalado un divorcio entre las tres instancias. 

En el primer tipo de sociedades lo importante es que la ley sea reconocida en su legitimidad y acatada de manera prácticamente universal. Hablo de tradiciones con opciones de ética laica inscritas en diversos legados culturales   –Grecia, Roma, Renacimiento, Revolución Francesa– que permiten una convergencia entre la coacción estatal, el control social y la acción de sentimientos morales como la vergüenza o la culpa. Allí, en asuntos básicos como los Derechos Humanos, ley, moral y cultura convergen y se refuerzan mutuamente.

No es así en el caso de Colombia y, en general, de las sociedades con democracias imperfectas, desgarradas o en construcción. En ellas suele suceder lo contrario: hay razones similares para acogerse a reglas distintas y, paradójicamente, una homogeneidad moral relativa sirve de base a la coexistencia de reglas muy diferentes. En estos casos la diversidad cultural y el grado de segmentación social contribuyen a ese divorcio. 

He llamado “divorcio entre ley, moral y cultura” a la falta de congruencia entre la regulación cultural del comportamiento y sus regulaciones moral y jurídica, falta de congruencia que se expresa como violencia, como delincuencia, como corrupción, como ilegitimidad de las instituciones, como debilitamiento del poder de muchas de las tradiciones culturales y como crisis o debilidad de la moral individual.

         Así llegamos a caracterizar la sociedad colombiana por un alto grado de divorcio entre ley, moral y cultura. El ejercicio sistemático de la violencia por fuera de las reglas que definen el monopolio estatal del uso legítimo de ella, o el ejercicio de la corrupción, crecen y se consolidan precisamente porque llegan a ser comportamientos culturalmente aceptados en ciertos contextos. Se toleran así comportamientos claramente ilegales y con frecuencia moralmente censurables.
         Podemos resumirlo así: la convivencia consiste en buena parte en superar el divorcio entre ley, moral y cultura, es decir, superar la aprobación moral y/o cultural de acciones contrarias a la ley y superar la debilidad o carencia de aprobación moral o cultural de las obligaciones legales. La cultura ciudadana es un instrumento para contribuir a superar ese divorcio tratando de hacer que se reconozca, para mejorar, la regulación cultural de la interacción entre desconocidos y entre personas y administración. La regulación cultural y su congruencia con las regulaciones moral y legal ayudan mucho a entender cómo funciona lo sano, lo no violento, lo no corrupto. Legalidad, moralidad y aceptabilidad cultural o social de la acción le pueden interesar.
         De ahí que en el centro de los programas y las acciones de cultura ciudadana esté el objetivo de reducir la justificación moral o cultural de la ilegalidad. Pero hay que tener mucho cuidado con esta interpretación. No se trata de que la ley, la moral y la cultura ordenen exactamente lo mismo, porque eso sería integrismo y sería incompatible con el pluralismo cultural y ético hacia el que avanza la humanidad. A lo que se aspira es que las reglas tengan la suficiente universalidad, coherencia y expresión estética como para lograr suscitar la admiración de personas que tienen marcos morales diferentes. 
         Durante siglos para la humanidad no ha sido fácil asumir esto o entenderlo y, por lo tanto, podemos comprender que para una sociedad contemporánea también sea difícil.

NOTA: Esta entrevista es una versión de la publicada en el libro Cultura, ciudadanía y desarrollo local.

 

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24 thoughts on “El divorcio entre ley, moral y cultura – una entrevista a Antana Mockus

  1. La entrevista que realiza Tulio Hernández, al ex candidato presidencial de Colombia Antana Mockus. En primera instancia a nuestro criterio nos revela algo muy mportante; Si es posible el diálogo efectivo y eficaz entre la academia y La administración pública, la academia como generadora de conocimiento e ideas que puedan ser replicadas en la vida cotidana de los ciudadanos. Es un modelo a nuestro criterio muy acertado. Los dos periodos de Mockus así lo confirman, un académico gerenciando lo público abrazado a una idea tan poderosa y compleja como lo es la cultura ciudadana. Tratando de responder a la primera pregunta que plantea el profesor, con respecto a sí es posible cambiar costumbres, normas y valores ciudadanos, y si en el caso bogotano, esto implico un estudio cultural de la ciudad. Tendríamos que ubicarnos en la Bogotá de la década de los noventa, una ciudad atemorizada, aterrorizada por la guerrilla, una ciudad militarizada que vivía bajo el miedo. En ese contexto la convivencia y el ejercicio de la ciudadanía no se encontraban precisamente a la orden del día.
    En ese contexto hostil y de desconfianza, es donde la propuesta de Mockus cobra el mayor de los sentidos, y en nuestro criterio si supo leer las necesidades de reencuentro y civilidad que tenían los bogotanos. ¿Es posible entonces cambiar o modificar costumbres, normas y valores? Si es posible empezar a transitar ese camino, en la entrevista el menciona una idea que consideramos es vital, y es la de los mínimos comunes, que deben de tener las sociedades para poder convivir, de alguna forma es renovar el pacto social de convivencia a través de la autoregulacion tanto colectiva como ndividual, tarea nada fácil en una sociedad anomica y penetrada por la corrupción, el ejercicio sistemático de la violencia enmacada en el irrespeto de las reglas establecidas en el marco legal.

    Comprendemos que esta titánica labor comenzó a través de pequeñas transformaciones de la vida cotidiana en el espacio público. No sólo activando al ciudadano de forma individual, sino como ser colectivo, haciéndole ver que se debe también a los otros que hacen vida en su ciudad. Esta idea del respeto al otro, de la valoración de la diferencia. Se refuerza también y de forma muy poderosamente la idea del colectivo:
    1. Aumento en el cumplimiento de las normas de convivencia.
    2. Aumentar la capacidad de unos ciudadanos para llevar a otros ciudadanos a un comportamiento pacífico.
    3. Concertación y resolución pacífica de los conflictos.
    4. Aumentar la capacidad de comunicación.

    En tal sentido las dimensiones de lo moral, lo cultural y lo legal. Entretejidas en una responsabilidad individual de los ciudadanos de la mano de un estado en su representación local, con la capacidad de la hacer cumplir las leyes, en un contexto de renovación de la confianza y recuperación de los espacios públicos como escenario principal, en definitiva son un excelente camino para comenzar esta profunda y compleja transformación. Esta iniciativa no solo tuvo voluntad política en su ejecución, sino que logró ganarse la confianza y el corazón de sus ciudadanos, en la carrera por recuperar la civilidad. Así cómo en un mundo cada vez más globalizado el apoyo y la receptividad de sus políticas en los medios de comunicación, y la proyección a nivel internacional sin duda fue un factor importante en esta transformación. De esa Bogotá gris y miedosa, a una Bogotá mas verde con mas parques, plazas, ciclo vías, y gente, ciudadanos sin miedo apropiando se de sus espacios vitales.
    Saludos a td@s. Buenas noches

  2. Está entrevista está perfecta para analizar la intervención coyuntural en materia de seguridad ciudadana que seleccione…sobre las preguntas, hoy en la tarde trataré de responder. ..esta entrevista está compleja!

  3. Lo primero que se nos plantea es la pregunta de si es posible el cambio en las costumbres, normas y valores. Pienso que esto es tan complejo, siempre pienso lo difícil que es generar una política mas cuando tu objetivo es generar un tipo de consciencia distinta es el reto mas grande de la humanidad creo que hacer que todos seamos consientes de cada acto que cometemos con nosotros mismos y con los demás, es decir siempre pensar como me afecta esto a mi, como afecta a mi entorno. Mockus es de esa nueva camada política que no piensa a corto plazo lo que me parece increíble, constantemente todos sus proyectos estaban muy encaminados al desarrollo del ser humano y con esto viene implícito el desarrollo de una nación. No se si la gente puede cambiar o no sus costumbres, normas y valores pero si estoy segura que la gente se puede adaptar para que sus propias creencias fluyan con el bien común.

    Lo que logro Mockus sin duda es estar claros en eso de mis derechos terminan donde comienzan los tuyos, esto esta íntimamente ligado al análisis de entorno porque casi todo depende del contexto donde vivimos y la mayoría de los cambios dependen de nuestro locus de control interno.

  4. El cambiar las costumbres, los valores y normas, no es tan fácil como algunas personas pueden creer. En mi opinión, los valores se construyen y refuerzan a lo largo del tiempo. Así como bien lo menciona Hanna es algo a largo plazo. No es igual el hecho de introducir una nueva forma de organizar a los peatones a cultivar en ellos el respeto o la colaboración.

    Me llamó la atención el papel preponderante del efecto multiplicador que significó la altísima visibilidad del programa logrado, que es resaltado como espontáneo ya que no fue necesario emitir un pago por los mismos, – me recuerda el caso de Transbesol, una iniciativa que por sí sola está generando además de una nueva forma de convivir, un gran impacto en la sociedad actual– .

    Casualmente, en este momento que estoy escribiendo mi comentario, mi sobrino de 3 anos se encuentra viendo TV y dice “ahora vamos a reciclar” una expresión que en mi tiempo no llegué a escuchar, o por lo menos no en TV cuando tenia 3 años. Esto es algo que relaciono con el fortalecimiento de un nuevo valor, el de la sostenibilidad, algo que en mi opinión se construye y se fortalece en el tiempo.

    En nuestra sociedad, en mi opinión es muy complejo cumplir algunas normas debido a que no están dados los escenarios para que sea sostenible.

    En este sentido, ¿Es suficiente realizar campañas para lograr evitar este tipo de acciones? ¿Es suficiente aprobar leyes? Aunque creo que las campanas como mecanismos de comunicación son importantes, apoyaría el hecho de que la cultura ciudadana va más allá de decretos de leyes, o de practicas sociales, e incluiría la construcción del contexto adecuado –económico, seguro– que nos brinde los incentivos necesarios para no realizar este tipo de actividades. “Suele comentarse que Venezuela tiene las mejores leyes del mundo” ¿ha sido la estructura normativa suficiente?

    1. Totalmente de acuerdo con ustedes, es un trabajo de largo plazo, pero… ¿si no empezamos hoy, cuándo?

      Cualquier proyecto de embergadura implica siempre un primer paso: mínimo, pequeño, hasta quizás insignificante; pero que va sentando las bases de lo que vislumbramos en el horizonte. Debemos plantearnos este asunto por etapas, unas más próximas -pequeñas acciones, faciles de implementar y de digerir por la sociedad- y otros objetivos de mediano y largo plazo, cuando vayamos viendo los frutos de estas cosas pequeñas, que desde mi punto de vista pueden marcar una gran diferencia.

      Saludos =)

  5. Buenas noches, problemas técnicos han impedido publicar mis comentarios, anoche comente el artículo con base a lo que señala la lectura y a una serie de vídeos que están en Youtube, sobre el Plan Cultura Ciudadana, que profundizan la lectura, y que nos permite evaluar características comunes en la
    Ciudad que recibió Mockus en relación con las principales ciudades venezolanas hoy día, la verdad que al evaluar esto particularmente me lleno de energía, y optimismo pues pienso que con voluntad y coherencia en los diferentes sectores de la sociedad es mucho lo que podemos hacer,

    Pienso que es el reto que. Tenemos como gerentes públicos! a partir de nuestro ejemplo poder transformar los valores ciudadanos pues fue la base del cambio que se realizo en Colombia

    Eso si hay que apretares los pantalones con una sola visión transformar para bien los valores de manera de que a futuro tengamos una sociedad más justa en beneficio de todos…

    La verdad que el resumen de anoche estaba más técnico pero no lo eh podido rescatar, si lo puedo encontrar lo ubico

    Feliz noche

  6. Mi respuesta a la primera pregunta es un contundente SI (si no, deberíamos considerar como desahuciada a la sociedad venezolana, ¿o no?)… si es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos, la discusión creo que debe girar en torno a cómo hacerlo, ya que evidentemente no es una tarea sencilla, pero fíjense como en este caso puntual se lograron avances interesantes. El círculo de Hofstede es perfecto para este análisis, pues nos ayuda a tener una visión del entorno desde el punto de vista cultural, que es precisamente lo que se busca transformar.

    Bien discutíamos en clase que esto implica un trabajo intenso de conocimiento de la sociedad –o la localidad– en la que pretendemos influir, y de Mockus rescato esa importante palabra: influencia, la clave está en cómo logramos influir –como hacedores de políticas públicas– en los ciudadanos, para modificar su comportamiento y lograr con ello ir moviéndonos poco a poco hacia la sociedad que deseamos, a la congruencia entre moral, leyes y cultura. Para mí, lo cumbre es la moral, el sistema de valores –que analizábamos en clase que es lo más difícil de cambiar–, lo veo incluso como un intenso trabajo psicológico que busque acercar más al ciudadano, hacia lo que como sociedad se defina como el “deber ser” –que es ese piso común acerca de lo que queremos ser y donde queremos estar–. Creo que las normas (leyes) y la cultura se pueden mover fácilmente –o no tan fácilmente, no sé qué opinan ustedes– cuando el sistema de valores se transforma, por lo tanto esos dos elementos los veo como una consecuencia del proceso de transformación, más que como el punto de partida.

    Esto me hace reflexionar acerca de ese fuerte divorcio que existe en nuestro país entre esos tres elementos e insisto en que la clave está en el núcleo: los valores. Conozco gente muy seria, inteligente y capacitada –a la que quiero y aprecio mucho y hasta llego a reprender moralmente en ocasiones– que no tiene ningún tipo de problema con comerse la luz roja del semáforo –o cosas por el estilo– y que incluso cuando les hago comentarios al respecto me tratan como una especie de extraterrestre, tratando de hacerme ver que quien está totalmente fuera de foco soy yo… esto sin duda me indica como cada día es más normal en nuestro entorno eso que se indica en el artículo: lo no sano, lo violento, lo corrupto, lo ilegal; invitándome a pensar seriamente –aunque en estas cosas siempre estoy pensando– en que sí, necesitamos una transformación moral, una que nos lleve a querer hacer las cosas correctas por convicción…

    Necesitamos unir esfuerzos para ello, no creo que nadie se atreva a decir que no le gustaría vivir en una sociedad menos violenta, menos corrupta ¿o sí?… lo trascendental es que se requiere de una política global que incluya a todos los miembros de la sociedad –gobierno como pilar fundamental, ciudadanos, empresas, medios–, y noto con tristeza que ese no es el objetivo actual, al menos no como política de Estado… nos ahoga lo cotidiano y las políticas actuales persiguen otros tipos de interés que, desde mi punto de vista, nada tienen que ver con lo común ni con el bienestar social. Hay mucho por hacer aún, de manera que tenemos un gran reto.

    Respecto a ¿Cómo coordinar esfuerzos para lograr esto? Creo que el primer paso es tener la disposición para hacerlo, segundo: tener un plan –saber a dónde queremos llegar y muy por encima de todo cómo queremos hacerlo–, y tercero: contar con recursos… considero que el dos y el tres son perfectamente manejables… pero sin disposición nunca arrancaremos una verdadera transformación cultural en Venezuela.

    Saludos a todos y feliz día

  7. Buen dia a todos estimados Blogistas

    Efectivamente esta lectura nos traslada en la afirmación de la necesidad del ANALISIS DE ENTORNO, su implementación es determinante para que Antanas Mockus, haya logrado un resultado positivo en sus dos periodos como Alcalde de Bogota. En pocas palabras el análisis hecho fue de vital importancia para obtener cambios en función de lo que se estaba buscando, crear una cultura ciudadana.

    Entrando en materia sobre las preguntas hechas, quiero abordar primeramente la segunda interrogante y luego la primera……La disonancia o disolución que actualmente existe en nuestro amado país entre las Leyes, la moral y la cultura, se percibe cada vez más….. se encuentra presente en la cotidianidad, que parece mentira, pero cada vez está más arraigada en el comportamiento del Venezolano, el Yoismo como parte fundamental de mi actuar, ha permeado a mi entender las fibras de la intolerancia, irrespeto y el conformismo.

    Esta lectura me transporto a una reflexión profunda y sincera, de cómo unas políticas públicas implementadas, alimentan cambios significativos de la conducta a partir de la moral y convicción cumpliendo las leyes y las normas establecidas en cualquier ámbito, estoy totalmente de acuerdo con Nahomy con su asertivo comentario, donde nos expresa que lo normal en nuestro entorno es …..“Lo no sano, lo violento, lo corrupto, lo ilegal”…… A partir de allí y basado en un pequeño símil que hice con la lectura, efectivamente nuestro país, nuestras personas, nuestra cultura ha cambiado significativamente su accionar, dado al entorno que actualmente vivimos.

    No quiero ni deseo abordar este tema con un tilde político, simplemente me soporto con la realidad, y allí podemos ver que no están difícil cambias los valores y la moral de las personas, cuando lo más fácil es irrumpir las leyes y las normas para realizar algo. Venezuela es uno de los países donde más leyes se promulgas o se sancionan….. ¿Sera que existen los mecanismos necesarios para que estas leyes se cumplan? ¿Sera que nuestro Gobierno o quien está ejerciendo las políticas públicas está interesado que se cumplan? ¿Qué consecuencias nos ha creado el populismo y el paternalismo por Papá Estado?…… Por ejemplo El Reglamento de Ley de Transporte Terrestre Sobre el Uso y Circulación de Motocicletas, publicado en gaceta Oficial N° 39.771, prohíbe a las y los conductores de esos vehículos, circular entre canales, según establece el decreto presidencial N° 8.495 con fecha del martes 4 de octubre de 2011….. ¿Sera que hasta la fecha 24/10/2013, ha avanzado esta Ley?, creo que cada vez es peor el flageló de los Motorizados, por su conducta, los valores que pregonan, la moral y el reflejo que se percibe……Allí les dejo una reflexión, sobre lo difícil de los cambios en la conducta venezolana….!!!!!!!

    En otro orden de idas, la estrategia de la cultura ciudadano fue implementada en funcion de la intervencion sistematica del compartamiento de los ciudadanos, para determinar su circunstancia y poder abordarlo, posteriormente se implementaron programas de cultura ciudadana, donde se buscaba impulsar la regulación o autoregulación, dandole paso a cuatro (04) estrategias fundamentales para buscar el cambio del accionar de las personas, asi se comenzo las transformación.

    En consclusión, puedo indicarles que la factibilidad de los cambios en la cultura ciudadan viene dada por ambos elementos el acompañamientos de la gestión pública (Estado) + Ciudadanos (Personas).

    Saludos cordiales

  8. ¡Buenas tardes! Debo decir que disfruté mucho está entrevista.

    I. Con respecto a la primera pregunta (¿es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos?), según la entrevista, Mockus proyecta como fin conseguir la congruencia entre la ley, la moral y la cultura para así lograr la convivencia. En este sentido, afirma que sí pueden cambiarse las costumbres, normas y valores de los ciudadanos: plantea precisamente la transformación social a través de la llamada “cultura ciudadana”, la cual a su vez busca “reducir la justificación moral o cultural de la ilegalidad”. En otras palabras, busca cambiar costumbres y valores modificando las normas (no sólo a través de la penalización –como suele ser el caso- sino también de la persuasión) para crear una nueva “cultura”.

    Coincido con Mockus en que tal transformación (cultural) es posible y no solo posible sino necesaria dado que la cultura suele ser el mecanismo regulatorio más eficaz porque se origina en el interior de las personas, les es intrínseco, en lugar de ser una imposición (como puede ser la ley).

    II. En cuanto a la segunda pregunta, (¿cómo logró Mockus coordinar esfuerzos en este sentido lo que él llamó “la estrategia de cultura ciudadana? ¿qué tiene que ver con análisis de entorno?)

    Mockus parte de una premisa fundamental: la preocupación por la convivencia (entendiendo la convivencia como el respeto mutuo de la vida luego de encontrarle sentido a la misma). En torno a esta preocupación gira su estrategia de cultura ciudadana, la cual se tradujo en diferentes programas que en el fondo buscaron una “manera nueva” de autorregulación individual y colectiva para garantizar la convivencia a través de la tolerancia, el contacto, el diálogo y el intercambio.

    En términos generales, la idea de cultura ciudadana de Mockus busca identificar el “piso común”, esas reglas mínimas básicas compartidas que permitían disfrutar de la diversidad moral y cultural en la vida común de las personas que comparten existencia y responsabilidades en el espacio público. Como mencioné anteriormente, tal ordenamiento, además, se fundamenta en el comportamiento ciudadano y su capacidad de autorregularse y de regular a los demás (“autorregulación interpersonal”).

    Esto se relaciona de manera importante con el análisis del entorno dado que una interpretación errada del mismo significaría el fracaso de una estrategia como la de esta naturaleza: no se puede pretender conseguir una regulación cultural (hábitos, costumbres, temor al repudio social) sin conocer la cultura del lugar.

  9. Buenas noches compañeros, interesante la entrevista realizada a Mockus, la sociedad, las costumbres, los valores para mí son las bases de nuestro entorno, ya que día a día debemos lidiar no solo con nuestros puntos de vistas, sino el de miles de personas con la que nos relacionamos en nuestras actividades diarias. Ahora bien romper con los paradigmas que cada uno de nosotros como latinoamericanos o más en específico como Venezolanos es una tarea sumamente compleja y más como lo dice el Profesor Gerardo la sociedad del YO, donde cada uno de nosotros optamos por decir sálvese quien pueda y ya casi podríamos decir que lo que pase a nuestro lado no nos importa mientras a nosotros no se nos afecte.

    Lamentable tener esta sociedad del YO, la Venezuela de otrora donde nos ayudábamos mutuamente o por lo menos nos preocupaba lo que ocurría a nuestro alrededor.
    La única forma de tener el tridente ley, moral y cultura activo y consolidado es poner mano dura, es decir, sancionar a las personas que no cumplan con las leyes y que atenten contra la moral y buenas costumbres seria para mi opinión una de las pocas formas de meter en cintura a nuestra sociedad, acostumbrada ya lamentablemente a tomar la ley por sus propias manos, ya que un Estado que como el nuestro no le importa sino el poder no podrá jamás garantizar nada.
    Dicho esto nuestro entorno no se ve muy optimista a futuro pero no significa que debamos rendirnos.

    1. Hola a todos:

      En referencia a las preguntas propuestas por el profesor, considero que sí es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos, pero como muchos de mis compañeros han señalado, se trata de un proceso largo. Los valores son convenciones sociales que se modifican muy lentamente, los valores de la sociedad venezolana de los años 90, no son los mismos de la del siglo XIX. O incluso las definiciones de un valor pueden diferir entre las culturas, si no, miren lo que significa libertad para occidente y lo significa para los musulmanes, por dar un ejemplo.

      Como se observa en el círculo de Hofstede, la cultura se compone de símbolos, héroes, rituales y valores. Los símbolos, héroes y rituales pueden ser vistos como prácticas que están sustentadas en unos valores, el centro del circulo y lo más difícil de modificar. De hecho, Hofstede señala que es fácil que se desarrollen nuevos símbolos y los viejos desaparezcan, mientras que los valores son el centro, el corazón de la cultura.

      La cultura implica conductas, creencias y normas compartidas por un grupo, hay que modificar éstas para cambiar la cultura. Eso fue lo que trató de hacer Mockus con su política de cultura ciudadana. El comportamiento de las personas es motivado, se suele decir que es racional porque se basa en unas creencias, conocimientos, emociones y valores y busca satisfacer a las personas. Para modificar el comportamiento hay que apuntar a esas creencias, pero no siempre es tan fácil. La teoría de la disonancia de Festinger surgió a partir de las observaciones hechas por el autor de que las personas se exponen voluntariamente a la información que está de acuerdo con sus creencias y con su conducta, procurando evitar aquella que les pudiera cuestionar su forma de pensar o de vivir.

      Esta teoría fue revolucionaria en la psicología porque puso en tela de juicio algunos de los postulados del conductismo, como por ejemplo la utilidad del refuerzo para modificar las actitudes. La disonancia es una especie de malestar psicológico, acompañado de la sensación de inquietud, por la inconsistencia entre cogniciones. ¿A qué se refieren con cogniciones? El término es muy amplio y alude a cualquier conocimiento, opinión o creencia sobre uno mismo, sobre la conducta de uno mismo o sobre el medio.

      Para entender un poco mejor la idea, pueden recordar la publicidad del cine del niño que saca un 20 pirata como la película que le compra el papá. En esa publicidad buscaron crear disonancia entre lo que la gente piensa y lo que realmente hace. Comprar películas piratas es algo común, y a pesar de que sabemos que está mal, lo racionalizamos para que no entre en conflicto con nuestros valores. Éste es uno de los mayores problemas en el cambio de actitudes o conductas, lograr que el receptor del mensaje lo asimile lo suficiente como para entenderlo y no racionalizarlo. El hombre tiene una percepción selectiva, ve lo que concuerda con su conocimiento previo y con sus creencias y a la información nueva le aplica sus esquemas y la adapta a esa información existente. ¿Por qué? Porque somos animales de costumbres y cambiar conductas, creencias o valores es difícil, en especial si nos reportan un beneficio (como quien usa el hombrillo porque va más rápido que los otros canales).

      ¿Por qué digo todo esto? Porque creo que la política de cultura ciudadana de Mockus apuntó, en parte, a crear esa disonancia en las personas para que modificaran su conducta y la hicieran congruente con los valores y con las normas, a través del manejo de emociones, en especial de la culpa, la vergüenza y el orgullo. La culpa cuando tu conducta entre en contradicción con tu moral, con valores que uno considera importantes, la vergüenza producto de la autorregulación social cuando te regañaban en la calle por pisar el rayado, por no dar pasar, etc., y el orgullo, producto del reconocimiento social cuando la acción era correcta.

      Me parece interesante el planteamiento de Mockus, cuando dice “He llamado divorcio entre ley, moral y cultura a la falta de congruencia entre la regulación cultural del comportamiento y sus regulaciones moral y jurídica, falta de congruencia que se expresa como violencia, como delincuencia, como corrupción”. Él pone el acento en el cambio de la cultura, en esas creencias, hábitos, conductas, que son compartidos, en la regulación cultural, que es aceptada por el individuo por el deseo de aceptación y reconocimiento, o por el miedo al rechazo y a la censura. ¿Pero qué sucede cuando esa cultura se desvía de las leyes e incluso de la moral? Porque puedes terminar relajando tus propias creencias para adaptarte a las de la sociedad.

      Durante los ochenta, Colombia vivía una crisis de ingobernabilidad, producto de las altas tasas de homicidios, expansión de la guerrilla, los problemas con el narcotráfico, la aparición de los paramilitares, crisis de representación de los partidos políticos. La convivencia ciudadana se estaba viendo afectada gravemente por el incumplimiento generalizado de las normas. Sin embargo, ese contexto de crisis creó la oportunidad para procesos de apertura democrática y descentralización (parecido a lo que sucedió en Venezuela en los ochenta, con la COPRE), y la nueva constitución del 91 fortaleció a los gobierno locales, concediendo mayor autonomía y creando un entorno favorable para que surgieran nuevas propuestas de gestión pública como la de cultura ciudadana.

      A mi parecer, parte de la campaña estuvo orientada a cambiar el comportamiento, no a través de la sanción, sino de la comunicación, buscando producir un cambio en la actitud que motivaba el comportamiento. Para lograr persuadir a las personas, influir en ellas, mediante la comunicación, éstas tienen que “pensar” en el mensaje que están recibiendo y los dos determinantes para ello son la motivación para procesar el mensaje y la capacidad para dicho procesamiento. En el caso de la motivación, hay que hacer que el mensaje sea interesante para el receptor, que se relacione con valores morales, con expectativas, motivos, con la propia identidad. Y, en el caso de la capacidad, la repetición del mensaje es importante porque le permite al receptor pensar en la información que recibe y formarse una opinión. Esto nos dice que las acciones deben ser intencionales y sostenidas en el tiempo para que se produzca el cambio y se mantenga. ¿Se ha mantenido el cambio en Bogotá? El actual alcalde está a punto de ser revocado y ha tenido una mala gestión y de mi última visita a Bogotá siento que las acciones no se han mantenido en el tiempo, así que esos logros y ese cambio del que nos hablan en la entrevista no es algo tan palpable como lo pudo ser en su época.

      Para cambiar el comportamiento es necesario considerar qué es lo que lo motiva y cómo estos elementos se pueden cambiar. Hay dos elementos importantes que pueden ser responsables de ese cambio: la insatisfacción producto de las discrepancias entre las normas, valores, la propia moral y el comportamiento real. El otro aspecto es el de la norma social, si los demás cambian o hacen lo correcto, uno también se siente presionado a cambiar o actuar en consecuencia. Quizás por eso la importancia que Mockus le dio a la parte de la cultura, como el eslabón fundamental a trabajar en su política. Las leyes pueden prestar apoyo pero es muy difícil que sean condición suficiente para cambiar la realidad (ojalá el gobierno venezolano entendiera eso), la moral por su parte, se puede relajar en el intento de encajar y ceder ante el presión social, por lo que nos queda el ámbito de la cultura, promoviendo esa mutua regulación entre ciudadanos. Pero debe ser algo continuado en el tiempo.

      Con respecto a la segunda pregunta, Mockus señala en la entrevista que uno de los elementos clave del éxito de la estrategia de cultura ciudadana fue la cooperación interinstitucional y multisectorial, comprometiendo a los actores claves como eran las autoridades del gobierno, de la policía y a los ciudadanos. Esto se relaciona con el análisis de entorno porque es necesario hacer un estudio de los actores clave, entender sus motivaciones e intereses y crear los incentivos para que se sumen al proyecto. Además, la estrategia ciudadana pareciera haberse basado en un estudio de la identidad del bogotano, de las causas del deterioro social, etc. Y de buscar soluciones más duraderas, tratando de apuntar no a la creación de más leyes o de controles sino a un cambio en la cultura. Aquí también vemos un poco de la teoría de las ventanas rotas cuando Mockus señala que era necesario intervenir en ciertos comportamientos, que de no ser resueltos, dificultarían la solución de problemas urbanos más amplios.

      1. Me gustó mucho está entrevista, creo que le ganó al caso de la semana pasada…se esta colocando dificil el top 1…jajajaja. Ahora, sobre el asunto que nos compete. Al igual que Mary concibo que si es posible incidir en las costumbres, normas y valores de los ciudadanos, en aras de de generar “espacios de dialogo estructurado” (European Union Approach) o espacios de convivencia ciudadana. Un ejemplo de este argumento, lo ilustra el caso esbozado por Mockus a través de su intervención en la cultura ciudadana. Sobre todo disfruté, la aproximación que concibió Mockus para enfrentar problemas que hoy acosan a la sociedad venezolana: la violencia, la delincuencia, la corrupción, la ilegitimidad de las instituciones, entre otras. Esta aproximación de “autorregulación interpersonal”, se sustentó en la gestión de acuerdos sobre un fondo de confianzas y participación, la mutua regulación entre ciudadanos, el cumplimiento de normas legales, morales y sociales, la probidad pública,y la seguridad por vías constitucionales; evidenciando que son posibles cambios en las conductas de nuestros ciudadanos si se establecen marcos de incentivos, cuyos objetivos sean la congruencia entre la ley, moral propia y cultura, y la reducción de las racionalizaciones de la ilegalidad. Es decir, podemos ser mejor de lo que hoy somos como sociedad, NO ESTAMOS CONDENADOS.
        Sobre como “logró” Mockus coordinar esfuerzos en torno a su estrategia de cultura ciudadana, concibo que fue gracias a las múltiples acciones de educación ciudadana enmarcadas por una filosofía común, la cooperación interinstitucional y multisectorial, el efecto multiplicador de la visibilidad del programa y el apoyo político. Estó último no hace reflexionar, sobre los elementos ausentes y necesarios para fortalecer cualquier iniciativa que desee en el ámbito público disminuir el problema de la delincuencia e inseguridad ciudadana.
        Finalmente, sobre la interrelación que posee este caso con análisis de entorno, concibo que una vez más, como hemos leido y debatido en clases, sólo la más completa interpretación de nuestra realidad puede permitirnos generar diagnosticos y estrategias que permitan abordarla y plantear las soluciones que demanda; Mockus, precisamente hizo eso, indagó en su entorno, “lo pensó”, permitiendolé construir una respuesta genuina para el mismo.

        Saludos a todos! y feliz día! 🙂

  10. 1.Mockus parece que hubiera hecho un estudio cultural sobre “Bógota y sus habitantes”. En este sentido su grado de intervención fue a lo largo del círculo de Hofstede. ¿Es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos?
    Antes de responderme la pregunta me trasponle a la lectura del Viaje a lo profundo del Amazonas tras los pasos de una madre yanomami, y la historia de la joven Yarima, y como ella intenta a adaptarse a un contexto pero luego regresa a su lugar de origen con sus costumbres, normas y valores de su cultura, su esposo no pudo cambiarle su círculo.
    Lo que me deja la interrogante se puede cambiar de forma individual a los ciudadanos su círculo de Hofstede o con acción de esfuerzos para un cambio colectivo se pueden cambiar las circunstancias de un contexto?
    En mi opinión no se puede hacer un cambio general de todo lo que se refiere, la forma de comer, de vestir, la música y las costumbres individual o colectivamente, pero se puede hacer influir, el problema está en cómo lograrlo y que en colectivo se sientan identificados, integrados y valorados, las normas y las leyes están en constante cambio con el desarrollo social y las necesidades que tienen sus integrantes, pero los valores y conocimientos se forman y se educan, es así como la cultura transfigura conocimientos. Por lo que opino que se pueden cambiar los contextos dentro de una cultura social, las circunstancias colectivas en las que se desarrollan, pero no sus hitos de costumbres de identificación. Y más difícil individualmente adaptarse.
    En el caso de Bogotá la gente no cambio su círculo de Hofstede Colombiano, (no cambio su comida, sus tradiciones y sus vallenatos) cambio las circunstancia en la que vivían por necesidad de acción colectiva para mejor su calidad de vida, y el punto de equilibrio en común fue la formación de valores como el respeto a la vida y el respeto del prójimo, aceptarse y darse sentido propio a si mismo, y al igual tiempo reconocer a los demás de igual manera. Lograrlo esta formación de valores en colectivo social.

    2.En una sociedad del YO (como lo es actualmente la venezolana) ese divorcio entre ley moral y cultura tiene unas implicaciones terribles en nuestra sociedad – ¿Como “logro” Mockus coordinar esfuerzos en este sentido lo que él llamo “la estrategia de cultura ciudadana” ? ¿Qué tiene que ver con análisis de entorno?

    Frases de la entrevista como “La búsqueda de un punto de equilibrio” y “Dos venezolanos tienen la misma constitución y ese debe ser su punto en común, en lo demás tienen derecho a ser distintos”, las como punto de partida para encontrar la relación de estrategia cultural con el análisis de entorno, ya que siempre en el entorno que se viva dentro distintos actores hay puntos en común culturales, y hay puntos de interés de necesidades en común dentro de cualquier entorno de negociación , no se tiene que ser igual, se tiene que aprender a reconocer que somos diferentes y respetar
    En si los valores como la ética y la moral en Venezuela se tienen que rescatar, el primer paso para la trasformación en Venezuela es mi opinión es aprender a ver que otros puntos en comunes además de la constitución tenemos los venezolanos en el círculo de Hofstede, reconocer las necesidades en común de todos, y las diferencias entre cada uno y respetarlas, cambiar el contexto venezolano , como logramos influir como líderes o es tarea fácil, pero se puede empezar con reconocerse uno al otro( con en un juego de caracas- Magallanes en el universitario, ) se necesitan los dos para poder jugar, las dos fanaticadas para llenar el estadio, análogo a la democracia se necesitan polos diferentes en un mismo país, los venezolanos debemos transformar a el reconocimiento y el respeto, la cultura del YO en un juego de la Vinotinto se une en colectivo sin ningún problema, el abrazo del feliz año no distingue colores, en mi opinión se necesita es un rescate de las tradiciones que se han quedado en el pasado en Venezuela. Necesitamos unir energías y manos para lograrlo, como dicen varios compañeros en este Blog, “no pienso que nadie se piense que no le gustaría vivir en una sociedad menos violenta, menos corrupta”, no creo que la gente quiera dejar de escuchar Gaitas en navidad o comerse las Hallacas, lo que hay es que negociar en los puntos de equilibro y de necesidades en común.

  11. ¿Es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos?

    Sí, modelando comportamientos y conductas. El ejemplo positivo es el principal impulso de los cambios necesarios para la evolución de las sociedades, es ahí donde radica la importancia de alinear las estrategias con las acciones; comenzar con los factores más externos y maleables como lo son las costumbres, logrando así ganar espacios y aceptación general en la población, inculcando actitudes positivas, fomentando la capacidad de análisis de situación y de toma decisión de manera positiva y eficaz, sabiendo expresar emociones negativas de manera constructiva y respetuosa, sin recurrir a la violencia, ni a la agresión, y aceptando la responsabilidad en los errores cometidos, así como comprender cuando otros se equivoquen con uno mismo, de esta manera al paso del tiempo y por su asimilamiento sería factible y muy favorable convertirlas en normas (leyes) escritas donde se pudieran plasmar explícitamente las sanciones, siempre y cuando consideren los aspectos que los pobladores estimen como “inaceptables”, pudiéndose arraigar de esta forma paulatinamente en el sistema de valores ciudadanos.

    ¿Como “logro” Mockus coordinar esfuerzos en este sentido lo que él llamo “la estrategia de cultura ciudadana” ? ¿Qué tiene que ver con análisis de entorno?

    Los esfuerzos de Mockus versaron sobre la convivencia y su potenciación, desde las perspectivas del cumplimiento de las normas, el factor multiplicador de los que las cumplen, de la concertación y solución pacifica de conflictos ciudadanos y de la capacidad comunicativa de los ciudadanos por medio de la expresión e interpretación cultural, recreativa y deportiva. Por lo que es notorio que la autoregulación es un punto indispensable de la estrategia.

    Con respecto a la relación con el análisis de entorno es que con certeza se debe conocer lo que se pretende “mejorar”, no basta con un simple diagnóstico y apostar a la gran panacea que erradicará todos los males visto, por el contario, es necesario alinear todos los elementos y factores posibles, para diseñar e implementar las soluciones necesarias.

  12. En una sociedad es necesario educar a la persona, porque la calidad de una ciudad depende principalmente de las personas que residan en ella y de su habilidad para desarrollar y atraer talento, es decir, del atractivo que represente vivir en ella.

    La mayoría pensamos ¿cómo sería el mundo si las personas supieran vivir en comunidad? Varios países han logrado implementar acciones de cultura ciudadana, lo que ha hecho que poco a poco los ciudadanos se vayan uniendo y formando así una verdadera sociedad. En cambio en otros países, este pensamiento solo queda en una imaginación, porque no tratan que se convierta en una realidad.

    Como señala Antana Mockus en su entrevista, los comportamientos de las personas tienen una base cultural que los gobiernos pueden ayudar a modificar positivamente para mejorar la convivencia y la seguridad y contribuir a que se supere el divorcio entre ley, moral y cultura.

    En mi opinión, la cultura ciudadana es un importante mecanismo para transformar comportamientos dañinos que afectan la vida y seguridad de otros ciudadanos, con el fin de ayudar a disminuir los altos niveles de homicidios y lesiones personales.

    Queda de nuestra parte saber aplicarlo y ser multiplicadores de ese cultivo de valores cívicos que lleve a todos los ciudadanos a amar la ciudad, a tener sentido de pertenencia, a irradiar mentalidad comunitaria (olvidando sus propios intereses), a sentir dolor por los atropellos y abusos, a buscar desarrollo no entendiendo sólo lo material sino ante todo en lo personal.

  13. Saludos a todos:

    Sin duda alguna Antanas Mockus, previo a la implementación del Plan de Cultura Ciudadana supo realizar un objetivo análisis del entorno bogotano, y comprendiendo que son los valores el centro neurálgico que dan vida a una sociedad (tal como nos enseña Hofstede) propone que como base para transformar la cultura ciudadana deberían existir anillos de seguridad ciudadana con el siguiente orden: primer anillo, la conciencia; segundo –si el primero falla- la interrelación ciudadana con amigos, vecinos, colegas; y tercero, en caso de que falle esa autorregulación y la mutua regulación, entonces un tercer anillo, la policía y la justicia.

    Como vemos un formato nada usual para nuestras sociedades que están más enmarcadas en el Estado de Derecho, dando primacía a la ley, y tal como señalaba Rafael el país es un ejemplo de una constante producción de normativas legales cuya aplicabilidad y efectividad es incierta.

    En este sentido, atendiendo al primer cuestionamiento del profesor considero que si es posible ir amoldando de manera progresiva costumbres, normas y valores, pero es una tarea significativamente compleja que implicará de parte del gobierno, políticas públicas novedosas y transformadoras que incentiven y sean creíbles para el ciudadano, que constituyan esa base común de la acción. El Plan de Cultura Ciudadana fue un ejemplo de ello, pero valga destacar que estuvo focalizado en una zona del país, con características propias, quizás no del todo aplicable a espacios más amplios. Aún así, considero que queda de parte de los constructores de las políticas públicas el tener la capacidad de idear novedosos formatos de abordar su entorno, y que los cambios vendrán de forma progresiva.

    En nuestro país, justamente por ser como destaca el profesor una “sociedad del yo”, individualista, el divorcio entre ley, moral, y cultura es dramático, siendo dos de sus elementos más alarmantes la inseguridad desbordada – de la que todos hemos sido víctimas – y la corrupción exacerbada – y ya hasta aceptada por muchos – que caracteriza a la administración pública (entendida como gobiernos) en prácticamente todos sus niveles.

    El daño es profundo, cualquier entrevista a un ciudadano común (más allá de la tendencia política que practique) arrojaría los mismos resultados de los citados elementos alarmantes, pero valga el ejemplo del programa aplicado por Mockus para repensar que el proceso de cambio ciertamente implica grandes recursos, por una parte, pero por otra viene a ser necesario mayor voluntad política, mayor creatividad, y tener más presente al otro y sus necesidades inmediatas para el diseño de políticas públicas que realmente puedan brindar confianza y seguridad a una ciudadanía ávida de respuestas, como lo es la venezolana.

    Feliz día.

    1. Hola a todos:

      Siguiendo con el tema de la política de cultura ciudadana, es cierto que muchas personas reconocen los logros y buenos resultados de esa estrategia y le atribuyen la reducción de la delincuencia durante los gobiernos de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa. Sin embargo, ¿es cierto que fue tan efectiva?
      Algunos autores señalan que no se deben aceptar tan fácilmente esa relación de causalidad entre el modelo propuesto y la reducción de los homicidios en la ciudad de Bogotá. Señalan que en otras ciudades de Colombia, como Medellín también se redujo la criminalidad a ratas mayores que la de Bogotá y que era un fenómeno generalizado a nivel nacional. Entonces, cómo atribuirle esos logros a la política adelantada en Bogotá cuando en otras ciudades que no contaban con dicha política estaba sucediendo lo mismo.

      Entre 1984 y 1991 se produjo un aumento de la delincuencia y de la violencia, producto del narcotráfico, resurgimiento de la guerrilla, aparición de los paramilitares, etc. Toda esta crisis de gobernabilidad lleva al país a convocar a una Asamblea Constituyente que termina con la aprobación de la Constitución de 1991, que busca darle un respiro al sistema y crear un clima de apertura democrática y participación. En este sentido, los índices comienzan a bajar y a regresar a las tendencias previas a 1984. Por lo que algunos autores señalan que las causas deben buscarse en el contexto histórico nacional e internacional y no necesariamente en las políticas implementadas en Bogotá.

      La política de cultura ciudadana partió del supuesto de que las causas de la violencia homicida se relacionan estrechamente con el comportamiento de los ciudadanos. De acuerdo, con Mockus en la sociedad colombiana existe un divorcio entre ley, moral y cultura el cual se manifiesta en violencia, corrupción, y falta de legitimidad en las instituciones. Los tres sistemas anteriores sirven de reguladores de la conducta pero eso no se da en la sociedad colombiana. Algunos autores señalan que este supuesto se asumió muy rápidamente. El estudio “Violencia homicida en Bogotá: más que intolerancia” elaborado por la Universidad de los Andes en 2001, señala que el homicidio en Bogotá está estrechamente ligado al contexto y al accionar de la delincuencia profesional o de las estructuras criminales.

      Les dejo aquí uno de los artículos, el cual al final expresa que lo sucedido con Mockus también se repite en el caso de Giuliani y la reducción de la delincuencia en la ciudad de New York.
      (http://pdba.georgetown.edu/Security/citizensecurity/Colombia/evaluaciones/politicasBogota.pdf).

      No quiero decir con esto que la política de Mockus fuese mala, pero hay que ver la otra cara de la moneda, y la evaluación de impacto es difícil porque los cambios culturales son lentos y los resultados se ven con el tiempo, pero al pasar el tiempo también se dan otros factores y variables que pueden influir en el cambio de la realidad, dificultando la identificación de las causas de los cambios y las resultados reales de las políticas.

      Saludos!!

  14. Cuando analizamos el legado de la Cultura Ciudadana impulsada por Antana Mockus irreductiblemente tenemos que identificar en ese legado los presupuestos de procedencia de la posterior transformación física de la ciudad lograda por Peñaloza, Bogotá tuvo que autoregularse para desarrollarse, una ciudad que respeta la vida, unos ciudadanos que coexisten de forma respetuosa y tolerante, sin lugar a duda, son ciudadanos que abrazan el desarrollo, la reducción de homicidios, de arrollamientos, de conflictos ciudadanos fueron los cimientos para un estadio superior en la calidad de vida que se consolido con una ciudadanía preparada para la transformación, esto jamás pudo ser de forma inversa, la transformación física y el desarrollo de Bogotá no podían darse en esos esquema de logros sin un ciudadano autoregulado, sin una ciudad respetuosa, sin instituciones depuradas, funcionales y obedientes de la ley.
    Las costumbres de la ciudadanía se pueden cambian si se desnuda su cultura, sus valores, si logramos entender sus motivaciones, sus estímulos sociales, la realidad del entorno urbano como condicionante y sin duda su relación con lo coercitivo, incluso la relación entre la conducta colectivamente aceptada y los criterios técnicos como los de la penología, para el desarrollo legal que genere condiciones de cumplimiento de conductas socialmente no deformadas, no lesivas. Modificar, adecuar, cambiar conductas si es posible, no es fácil, pero requiere de inversión en esfuerzos de amplísimas disciplinas para lograrlo, tal como en la otrora Chacao del respeto, o en el Metro de Caracas que aunque muy reducido, aun se ve una cultura de respeto por lo público y donde la autorregulación se estimula con refuerzos copiosos dia a dia

    La vinculación con el Análisis de Entorno puedo identificarla en lo necesario que para su diseño fue la incorporación de los actores vinculados al problema, al pensamiento disruptivo que se logró mediante el análisis de las variables sociales, económicas, culturales con una clara vocación constructiva más que mero interpretativa, sin la incorporación de las variables correctas, con los actores adecuados, no se generan soluciones ganadoras, políticas publicas ganadoras.
    saludos

  15. Por último, leyendo los comentarios de los compañeros, veo que Sofía menciona frases de la entrevista como: “dos venezolanos tienen la misma constitución y ese debe ser su punto en común, en lo demás tienen derecho a ser distintos”. Y estoy de acuerdo en que parte del éxito que se le atribuye a la estrategia de cultura ciudadana, es haber apuntado a un mínimo común de acuerdo que debe existir para que se dé la convivencia.

    La estrategia hizo hincapié en construir esa convivencia, en retomar las prácticas sociales adecuadas, arraigadas en los valores y congruente con las leyes, respetar el derecho de los demás y mostrar argumentos sólidos para modificar las creencias. En un ambiente de ingobernabilidad, de intolerancia, de crisis política fue inteligente no centrarse en posturas ideológicas, sino buscar los principios más básicos para vivir en sociedad, esos principios sobre los que la gente no iba a tener argumentos para rechazarlos y podían ser aceptados desde cualquier banco.

    Quizás el haber apuntado a eso fue lo que permitió el encuentro de todos los actores y la cooperación interinstitucional y multisectorial que era necesaria. Eso es importante, porque demuestra que hizo una lectura acertada del entorno. En un momento de conflicto, no se ancló en posturas políticas o ideológicas para seguir acrecentando la brecha, sino que se basó en aquello que podía ser común a todos, de izquierda, de derecha, excluidos, ricos, pobres, clase media. Además, es un discurso difícil de desmontar, qué político de oposición saldría a hablar mal de los postulados o de los objetivos de esa estrategia (seguro los hubo pero no creo que atacando directamente el objetivo).

    Aunque se ve que la estrategia de cultura ciudadana lleva la impronta de Mockus, primero por su formación en filosofía y toda esa disertación que sobre las diferencias entre las leyes, la moral y la cultura, pero además se refleja su pasión por la pedagogía y por buscar nuevas formas de ejecutar una política pública sin caer en el comportamiento clásico de reformar o aprobar leyes y esperar que las cosas cambien porque así lo dice la ley.

    Saludos a todos!!!

  16. Saludos a todos,

    Luego de leer la entrevista realizada por Tulio Álvarez al ex candidato presidencial de Colombia Antana Mockus, puedo inferir que solo con una estrategia para resolver los problemas de gestión pública se puede cambiar a una sociedad. Mockus logró que la ciudad de Bogotá cambiara gracias al análisis que hizo de su entorno y los planes que diseñó de su ciudad.

    Ahora bien, uno de los aspectos que se debe considerar es el respeto a la ley y la moral, a esas normas que nos rigen y que siempre deben existir para lograr la convivencia ciudadana.

    Antana Mockus logró desarrollar un Plan de la Ciudad, basado en 4 objetivos que estaban relacionados con el aumento del cumplimiento de las normas de convivencia y la capacidad de comunicación, para lo cual consideró muy importante el arte, la cultura, recreación y el deporte.

    En una sociedad como la venezolana, existe un divorcio entre la ley y la moral es necesario coordinar las acciones necesarias educando a la población para formar a los ciudadanos empezando por respetar las reglas.

  17. Leyendo los comentarios de aportados por los participantes, existe el consenso de la posibilidad de llevar adelante políticas públicas bajo una visión integrada de la cultura ciudadana, desde la política construida en una perspectiva de análisis de los diversos factores que incluyen lo político,cultural, legal y moral hacia la búsqueda de una solución con la participación de todos. Revisando la fudamentación expresada por Mockus, observó elementos de la cultura religiosa al expresar lo sagrado de la vida y el sentido de la vida, con una carga valorativa situada en la comunidad y el individuo, hecho que nos involucra a todos; por otra parte expone los mecanismos de regulación por parte de la autoridad y la autoregulación de los ciuadadanos y las comunidades en la configuración de los permisos sociales e individuales bajo la premisa de la tolerancia, y lo que conlleva si traspasamis la línea de lo permitido (hecho sancionatorio de la comuidad y el Estado), la convivencia convertida en un hecho vivído desde la educación para la construcción de la ciudadanía efectiva, expuesto como hecho público donde las opinones son sobre la base de la comunicación, donde efectivamente se diáloga entre los yo y las comunidades, y eso posibilita que los escenarios se construyen crean y recrean con toda una simbología basada en la cultura ciudadana asociada a los los espacios públicos (calles,aceras, monumentos, comunidades, espacios de gobierno, casas, etc), palabras, normas que dan cabida a la diversidad no desde una exclisión, sino bajo la perspectiva de la inclusión social de los actores involucrados, en la alteridad reconocemos al otro como parte integrada del diálogo permanente.

  18. Saludos compañeros….
    Tema interesante, entrevista interesante y comentarios interesantes, mezcla para estar horas y horas escribiendo sobre esto, sin embargo voy a resumir 4 puntos que me parecen importantes y con esto espero responder las preguntas planteadas:
    1.- Coincido con todos en que si es posible cambiar las costumbres, normas, valores y que para ello hace falta invertir mucho tiempo teniendo una visión a largo plazo, sin embargo ese tiempo se puede reducir utilizando herramientas para analizar el entorno cultural de la población como lo es el círculo de Hofstade con sus capas de cebolla.
    2.- Para lograr un cambio hay que modificar la capa previa y la capa externa es la más vulnerable o fácil de modificar, es ahí donde entra la simbología como punto de partida para llegar a modificar o a inculcar nuevos valores en la ciudadanía, lo que da la idea de un “proceso” que pasa por modificar o incrustar nuevos símbolos, promover nuevas prácticas sociales, que se transformen en costumbres y en el contexto normativo adecuado pueda impactar en los valores de la población.
    3.-Para que esta nueva simbología llegue a tener impacto tiene que ser repetitiva así como lo hace la publicidad y el branding, no en vano Mockus invirtió 130 millones para la campaña de “Cultura ciudadana”, usando simbología ya existente en la población (para eso es muy importante hacer el análisis de entorno previo) con la idea que quería inculcar, así tenemos “Tu vida es sagrada”, que mezcla aspectos religiosos y recuerda el lema muy popular en Latinoamérica de “La madre es Sagrada”, el uso de la tarjeta de aprobación a los conductores, que recuerda la simbología futbolística en un país muy futbolístico.
    4.-Es importante que esas nuevas prácticas sociales que se transformaran en costumbres con el tiempo, estén de la mano con las normas y la ley existente o que se quiera inculcar, para llevar todos los esfuerzos por la misma vía y eliminar ese divorcio existente que menciona Mockus entre las costumbres expresadas en comportamientos como violencia, delincuencia, corrupción, ilegitimidad de las instituciones y sus regulaciones morales y jurídicas.

    Interesante el comentario de Mary, no sé si todos estos cambios impactaron en los indicadores, pero lo que si no cabe duda es que hicieron de Bogotá una ciudad más amena para sus habitantes.

  19. hola a todos !

    tema interesante como lo reflejan mis compañeros , sin embargo bajo mi percepción si es posible cambiar las costumbres y practicas sociales pero con el tiempo bajo métodos de suma perseverancia y buena organización , ya que las costumbres son Hábitos o Tendencias adquiridas por la práctica frecuente de un acto. Estas costumbres se van transmitiendo de una generación a otra, ya sea en forma de tradición oral o representativa. Con el tiempo, estas costumbres se convierte en tradiciones cuentan con aprobación social, y de igual forma existen las malas costumbres, que son relativamente comunes, pero no cuentan con aprobación social, y es por ello que se han creado leyes para tratar de modificar las costumbres.

    quizás el caso reflejado en esta lectura sea el ejemplo de que las tradiciones pueden cambiar con el tiempo y si se crea la cultura en la sociedad buscar la forma de que sea implantada de la mejor manera posible.

  20. Mockus parece que hubiera hecho un estudio cultural sobre “Bógota y sus habitantes”. En este sentido su grado de intervención fue a lo largo del círculo de Hofstede. ¿Es posible cambiar las costumbres, normas y valores de los ciudadanos?
    De acuerdo a lo que plantea Mokus, indudablemente que sí pueden los ciudadanos cambiar costumbres, normas y valores. Es más, en el dinamismo con que se mueve el mundo, en donde lo único permanente es el cambio, estos factores inevitablemente van variando en el transcurso de la transformación de las sociedades, lo cual nos pone a nosotros los venezolanos ante una futura transformación después de un declive que aún no terminamos de vivir.
    En programa de Mokus se plantearon como el valor más importante el respeto mutuo a la vida, considerando que cada vida es sagrada porque cada muerte es irreversible, y esto lo traigo a referencia porque en nuestro país y en nuestra ciudad, Caracas, no escuchamos a los dirigentes con ese convencimiento en sus discursos y tampoco con consistencia en la políticas públicas que se implementan. Muy por el contrario, se nos ha instalado la cultura de la muerte, la indiferencia, la violencia y la intolerancia. Hemos mirado de manera sorprendente e impotencia cómo han surgido en nuestras narices nuevos delitos como el saqueo de bienes en volcamientos y accidentes de tránsito, ante la mirada indiferente no solo de los ciudadanos que convivimos en la ciudad, sino frente a la autoridad que opta por el papel de un espectador más, pareciendo que desconoce su rol dentro de la sociedad para mantener la seguridad y el orden público. En días reciente sucedió un hecho de este tipo, en el cual se observaron a motorizados que llegaron al extremo de pasarle por encima a un conductor agonizante, terminando de producirle la muerte para saquear las cajas de carne de la gandola que conducía. Muchos recibimos a través de medios electrónicos fotografías y hasta videos de estos hechos, que evidencian las personas que allí participaron y que llegan también a las autoridades y no pasa nada, no se abren investigaciones ni se buscan a los participantes aun y cuando ruedan en fotos por toda Caracas. Esto hace unos años no sucedía y poco a poco, la impunidad, la corrupción, la indolencia de las autoridades y la falta de institucionalismo ha permeado en nuestra cultura para acostumbrarnos a este tipo de cosas. Todo eso me pone a compararnos con la decadencia que también vivió Colombia y específicamente en este caso, Bogotá en la época que Mokus llega al poder, con la diferencia que las ideas innovadoras para ofrecer otras perspectivas a la ciudad y a sus ciudadanos aún no se asoman con suficiente fuerza en nuestra capital. Por ello los Venezolanos nos debatimos entre la pena de saber cómo nuestros valores, principios se han ido transformando influenciados por el entorno de indiferencia, discurso hostil e impunidad que ha permanecido durante ya muchos años como para hacernos sentir impotentes y merecedores de la suerte que corremos.
    Sin embargo, al ver ejemplos como el de Colombia, Bogotá, es una ventana de esperanza para los Venezolanos que me hace sentir optimista, pues como señala mi compañera Doris, en la serie de videos “Bogota Changue” http://youtu.be/5OdhD5D5its podemos notar cómo estaba Bogotá a principio de los 90 y como mediante el reconocimiento de los valores subyacentes en el alma de los Bogotanos y escudriñar con el circulo de Hofstede acerca de las costumbres, principios, valores y normas, se implementaron campañas seguidas de esfuerzos educativos inmensos para la disminución de la violencia, los cuales fueron llevados a los niños en las escuelas, a las familias, a la policía, a los presos, a lo vagos con ideas tan innovadoras que parecían de un “loco”. Sin embargo, no ha sido fácil para los gobernantes ni tampoco para los Bogotanos, primero fue la voluntad inquebrantable que no solo fue obra de Mokus, sino que también a su propio estilo continuo con Peñaloza y sus políticas para convertir a Bogotá en una ciudad para sus ciudadanos, luego la constancia , la firmeza y determinación de implementar medidas diferentes y creativas que tocaran lo más profundo de los ciudadanos para lograr su disposición a dejarse corregir, lo que fue calando nuevamente en las personas para lograr un comportamiento diferente que llevaría al cambio de la ciudad . La necesidad de vivir bajo una sociedad en la cual sentirse “seguro” (en el sentidos mas amplio) con mayores oportunidades para cada uno de sus habitantes también constituye un factor fundamental para el impulso de los cambio
    Entonces pienso que sì, que el entorno es un círculo con el cual manteneos una constante retroalimentación, donde èl nos influye y nosotros con nuestras conductas colectivas también lo influenciamos permanentemente y vamos creando eso que concluye por determinarnos para surgir o para hundir.
    .- En una sociedad del YO (como lo es actualmente la venezolana) ese divorcio entre ley moral y cultura tiene unas implicaciones terribles en nuestra sociedad – ¿Como “logro” Mockus coordinar esfuerzos en este sentido lo que él llamo “la estrategia de cultura ciudadana” ? ¿Qué tiene que ver con análisis de entorno?
    Citando a MoKuss en sus estudios: “Algo de tensión entre ley, moral y cultura puede ser útil para las tres, pero el divorcio puede afectar gravemente la convivencia y la productividad de una sociedad. Fundamentalmente hay armonía entre la ley, moral y cultura cuando hay aprobación moral y cultural hacia el cumplimiento de las obligaciones legales y censura moral y rechazo cultural hacia las actividades ilegales. Hay divorcio entre ley, moral y cultura cuando hay aprobación moral y cultural a acciones ilegales y cuando hay indiferencia o desaprobación cultural y moral al cumplimiento de obligaciones legales”
    Mokus logró coordinar esos esfuerzos involucrando directamente al “ciudadano de a pie”, al que vive y padece la ciudad, acercándose a él a través de programas educativos e intervenciones sistemáticas que buscaban intervenir sobre ciertos comportamientos de la ciudadanía que afectan la vida en comunidad. Se planteó que la misma ciudadanía reflexionara he hiciera autocritica acerca de sus comportamientos para que apareciera el poder regulador de la cultura y puso relevancia en la importancia de la convivencia, la diversidad y la vida. Y esto tiene que ver con el análisis de entorno porque para plantearse cómo entrarle a la decadencia de la ciudad para ese momento, observó todos los factores que estaban causando el divorcio entre cultura, moral y ley para intervenir en el cambio de la ciudadanía.

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